Sé que me tengo que ir, lo dice el silencio y la mirada
perdida,
Lo canta el poeta del poema que leo por casualidad,
Lo susurra el canario que se asoma por la avenida
Y por las esquinas de esta habitación en oscuridad.
Ya las palabras sobran o no salen como deberían salir,
Ya no entusiasma lo que agitaba el corazón encantado,
Y las paredes que oyeron lo que ya es pasado
Intentan gritar mirando el hibisco que ríe en el jardín.
Alargo la partida para ver si el tren se decide no llegar,
Desarmo y armo las maletas llenas de recuerdo y necedad,
Volteó a mirar si hay más pasajeros en la estación
No quiero ser el único que se demore en llegar.
Se escapan por el ventanal los temores escondidos
Los futuros arruinados que se desmoronan
El de mis hijos encerrados en sus cuartos a la espera
De las palabras que una vez enamoran
Una lágrima rebelde se escapa por la mejilla
Por más que evité su desborde
Abre las cicatrices que el rostro encasilla
En las manos agrietadas de cada noche.
Hoy doy un paso al costado anhelando un abrazo
Ese que no quise que mi hija me diera al partir
Para evitar derramar culpas y así dar el paso
Más allá de las olas que anuncian el fin.
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